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Oscar Saura

Psicología

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Selfie, ¿qué se esconde detrás? Una mirada a la personalidad de sus autores

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En los últimos años, gracias a la proliferación de los teléfonos inteligentes, es habitual salir a la calle y ver a las personas tomándose fotos de sí mismas en las más variadas situaciones para luego subirlas a las redes sociales. El objetivo de compartir imágenes en las redes sociales es narrar la propia vida para los otros con el fin de obtener un comentario, un «me gusta» o un emoticono.

Selfie

A través del selfie se busca crear una imagen idealizada de sí mismo

El selfie permite que su autor cree un yo-ideal que pueda ser admirado por los demás y recibir su reconocimiento. Se elabora una imagen falsa para difundirla en el ciberespacio  con el objetivo de ser admirada por los demás, mientras el autor del selfie oculta su verdadera realidad.

Abraham Maslow, en su teoría de las necesidades básicas, propone la necesidad de afiliación como una de las necesidades básicas. Esta necesidad se relaciona con la necesidad de desarrollo afectivo e interacción social, la amistad, el afecto y la aceptación social. Publicar selfies en las redes sociales implica una necesidad de ser aceptado en el grupo. Al publicar un selfie, básicamente le estamos diciendo al mundo: “este soy yo, aceptadme”. A través de los selfies se intenta contar detalles de la vida en los que el protagonista es el propio autor y el entorno sirve de contexto.

Estudios realizados por Jeff Grabmeier (2015) revelan que las personas que publican gran cantidad de selfies puntúan más alto en los rasgos de narcisismo y psicopatía. Los «me gusta» en las fotos actúa como refuerzo  que animan a seguir publicando más fotos de sí mismos. Pero si no obtiene los «me gusta» deseados su autoestima y su seguridad quedarán dañados.

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El objetivo del selfie es ser admirado por los demás, mientras el autor oculta su verdadera realidad

Otro estudio de Tara C. Marshall (2015) indica que las personas que muestran constantemente sus relaciones sociales presentan una baja autoestima y vanidad. Además la gente de baja autoestima siempre proyecta sus relaciones, mientras que los narcisistas muestran sus éxitos y buscan los «me gusta» como triunfo personal.

Investigadores de la Stony Brook University of New York concluyen que el uso excesivo del selfie puede predisponer a desarrollar trastornos de ansiedad y depresivos. También puede llegar a ser una señal de trastorno dismórfico corporal (magnificar la más mínima anomalía física, una arruga, una cana, la forma de la nariz,…).

Las personas narcisistas usan el selfie para satisfacer su vanidad y la admiración de sus propios atributos. Necesitan captar la atención de quienes les rodean. Su motivación es conseguir «me gusta» para sus actualizaciones. Su perfil está plagado de selfies en los que aparecen ellos y sus relaciones sociales. Cada vez que publica una imagen suya y recibe un «me gusta» siente como su vacío interior se llena lo que fomenta que se repita la acción. Pero si no logra los «me gusta» deseados su autoestima y su seguridad quedarán dañadas.

Selfie

Las personas con baja autoestima buscan, a través de los selfies, la aprobación y la aceptación de los demás

Por otro lado las personas con baja autoestima buscan, a través de los selfies, la aprobación y la aceptación de los demás. Exhiben solo lo que quieren mostrar construyendo una identidad próxima al yo-ideal que se expone a los demás para ser validada. Esta construcción idealizada de la realidad a través del selfie oculta su realidad personal. La inseguridad y la falta de aceptación generan una imagen engañosa, una versión idealizada pero falsa de sí mismo que afecta a su funcionalidad a nivel personal. Se estima que el 30% de la población no se quiere a sí mismo lo que unido a la creencia de que solo existe aquello que está en la red lleva a la creación de esta imagen distorsionada de uno mismo.

La tendencia de algunas personas al selfie se puede entender como un acto de vanidad que indica o bien narcisismo o bien falta de autoestima que se traduce en una necesidad de autoafirmación y construcción de la realidad. En definitiva, una construcción de su propio yo a partir de su propia imagen especular.

Se autoretratan para postear la imagen casi instantáneamente en su perfil social. A partir de aquí su única preocupación es los «me gusta» y comentarios que recibirá. Persiguen la admiración de los demás, lo que puede conllevar problemas psicológicos como ansiedad, depresión, trastorno obsesivo compulsivo, trastorno dismórfico corporal,…

Existe un estudio de la Universidad de Birminghan realizado con 500 usuarios de Facebook que revela que aquellos que publican selfies de forma habitual tienen relaciones más superficiales y peor sentido de la intimidad, lo que les aleja de las personas acostumbradas al trato “cara a cara”. Para las personas acostumbradas al trato cara a cara la exposición pública debilita el vínculo afectivo existente en la vida real. Además tienden a alejarse de otras personas y competir con ellas mediante imágenes. Este estudio también concluye que a mayor cantidad de fotos, menos «me gusta» recibe cada una.

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A través del selfie expresan una necesidad desesperada de gritar y decir: “¡miradme!, ¡estoy aquí!”

Aquellos a quienes les gusta publicar selfies y tienen el timeline lleno de imágenes de su vida cotidiana demuestran una personalidad insegura y necesitada de la aprobación de los demás. Se puede decir que a través del selfie expresa una necesidad desesperada de gritar y decir: “¡miradme!, ¡estoy aquí!”

A modo de conclusión, podemos decir que el selfie muestra una constante incomodidad con el propio cuerpo y con el proyecto de vida lo que provoca que no se acepten tal y como son, ni su proyecto de vida. Esto lleva a la creación de una imagen idealizada y forzada, basada en aspectos fantaseados, de sí mismo para ofrecerla a los demás.

De los demás busca el reconocimiento, pero no es un reconocimiento auténtico, es artificial porque se basa en el número de «me gusta» y comentarios obtenidos y porque es el propio autor del selfie el que le dice al otro como quiere que le vean. Por tanto, la información que el autor del selfie entrega a los otros está manipulada, sesgada y limitada con el objetivo de que le vean como él quiere que le vean y no como es en realidad. Esto último pone de manifiesto un empobrecimiento de las relaciones personales.

Debido a que es el propio autor del selfie el que construye su falsa realidad, la retroalimentación que recibe de los demás no es coherente con la realidad sino que es coherente con esa realidad construida artificialmente lo que afecta negativamente a  la construcción de su identidad y su personalidad.

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